Hasta siempre Javier
Se ha ido como ha vivido,
discreto, sin molestar, en silencio. Aunque sabíamos de su delicada
salud ocultada en el armazón de un aspecto físico impecable, su gran
corazón era de papel.
Javier García Barrero: En
El Colegio Auseva, al igual que a su hermano Ignacio, se les conocía por
Los hermanos Barrero “los fíos de Falín” – me refiero a ellos porque los
otros, mucho más pequeños, por aquellos años sesenta, solo recuerdo que
eran unos críos a los que, los mayores, les bombeábamos el balón al
patio de las viviendas de la calle Cabo Noval. Los años han pasado desde
entonces y, luego, después, he vuelto a tomar relación con Javier en
nuestro querido Pueblo de La Fresneda; y, curiosamente, en ámbitos
sociales diversos: mientras ha podido, jugando al padel cuando Gelo
Domínguez Gil organizaba algún partido.
Pero, también, en el
ámbito profesional hemos colaborado: él como Perito Arquitecto técnico y
yo como abogado en pleitos relacionados con problemas constructivos.
También he tenido la fortuna de tener a Javier como cliente. Hoy en mi
despacho recordaban con simpatía cuando en varias ocasiones nos ha
venido a ver. Me permito, como algo excepcional, desvelar el secreto
profesional: Javier había tenido un pequeño problema con su coche y
quería ser indemnizado, la cuantía ascendía a la astronómica cifra de
50.000 pesetas – era antes del año 2.000 – Javier, con el entusiasmo que
ponía en todo lo que hacía, lucho – por supuesto mucho más que yo – para
ganar aquel pleito como si se tratase del sumario de la colza. Lo ganó
y con la indemnización obtenida se fueron de pitanza él, Juanín El
Ferretero y otros comensales - ¿nunca me explicaré porque no me
invitaron? - Estos recuerdos simpáticos ayudan a que la pena tras la
pérdida de amigos y gente cercana sea más llevadera. Pero, de Javier
destacaría algo que a muchos les ha pasado desapercibido, era un gran
lector, cinéfilo y amigo, en general, del espectáculo teatral. Seguía
con entusiasmo las novelas de Paul Auster mucho antes de que en España
fuera lo conocido que ahora es y, precisamente, porque sus novelas
destacan por lo cinematográfico de sus argumentos, a Javier le han
servido como inspiración para producir, dirigir y realizar películas
amateur con base en alguna de sus novelas. Precisamente, por su afición
al cine y la mía a la interpretación teatral, nos ha quedado pendiente
algo que habíamos comentado en varias ocasiones: la producción de una
película que hubiera querido que me dirigiera. En esto, como en todo lo
que se empañaba, Javier era amigo de la excelencia.
Hoy me uno en fuerte
abrazo a toda su familia; a Ana, su mujer; Rita, su hija, de quien he
tenido la inmensa suerte de compartir escena en obras de teatro; sus
hermanas, María Eugenia y Laura; sus hermanos Ignacio, Santiago y Rafa;
su madre, aún sin reponer del desgarro anterior; sus suegros; Juanín,
Tonino y a todos los demás.