La Nueva España

26-6-08

 

Javier García Barrero, hijo de Falín, fallece de forma repentina
 
Arquitecto técnico, pertenecía a una familia muy vinculada al fútbol y su hermano Jesús llegó a ser psicólogo de la selección
 
 
 
Javier García Barrero, arquitecto técnico, falleció la noche del miércoles en su domicilio en una urbanización de Siero a causa de un paro cardiaco. García Barrero tenía 49 años de edad y la muerte le sobrevino repentinamente en su casa, en la que se encontraban su esposa, Ana Ojanguren y su hija, Rita.


Javier García Barrero ejercía su profesión en Oviedo y pertenecía a una familia muy vinculada desde hace décadas al mundo del fútbol. Su padre, Falín, fue emblema de la época más gloriosa del Real Oviedo y su hermano Santiago siguió los pasos de su padre hasta llegar a la primera plantilla del Real Oviedo en los años ochenta. Otro de los hermanos de Javier, Jesús, fue psicólogo del Sporting de Gijón y de la selección española de Fútbol. Se da la circunstancia de que Jesús falleció hace unos años también de forma repentina mientras jugaba un partido de fútbol en la playa junto a sus hermanos.

Los restos mortales de Javier García Barrero serán incinerados hoy a las once y media de la mañana en el tanatorio de Los Arenales. A las cinco de la tarde sus cenizas serán recibidas en la iglesia parroquial de Santa María de La Fresneda, donde se celebrará el funeral.

Javier García Barrero era una persona muy querida y conocida, tanto por su vinculación familiar al mundo del deporte como por el desempeño de su profesión como arquitecto técnico. Además de Santiago y el fallecido Jesús, Javier tenía otros cuatro hermanos, Ignacio, María Eugenia, Laura y Rafael.
 

 

 


Texto enviado por Arturo González González de Mesa:

 

Hasta siempre Javier

 

Se ha ido como ha vivido, discreto, sin molestar, en silencio. Aunque sabíamos de su delicada salud ocultada en el armazón de un aspecto físico impecable, su gran corazón era de papel. 

Javier García Barrero: En El Colegio Auseva, al igual que a su hermano Ignacio, se les conocía por Los hermanos Barrero “los fíos de Falín” – me refiero a ellos porque los otros, mucho más pequeños, por aquellos años sesenta, solo recuerdo que eran unos críos a los que, los mayores, les bombeábamos el balón al patio de las viviendas de la calle Cabo Noval. Los años han pasado desde entonces y, luego, después,  he vuelto a tomar relación con Javier en nuestro querido Pueblo de La Fresneda; y,  curiosamente, en ámbitos sociales diversos: mientras ha podido, jugando al padel cuando Gelo Domínguez Gil organizaba algún partido.

Pero, también, en el ámbito profesional hemos colaborado: él como Perito Arquitecto técnico y yo como abogado en pleitos relacionados con problemas constructivos. También he tenido la fortuna de tener a Javier como cliente. Hoy en mi despacho recordaban con simpatía cuando en varias ocasiones nos ha venido a ver. Me permito, como algo excepcional, desvelar el secreto profesional: Javier había tenido un pequeño problema con su coche y quería ser indemnizado, la cuantía ascendía a la astronómica cifra de 50.000 pesetas – era antes del año 2.000 – Javier, con el entusiasmo que ponía en todo lo que hacía, lucho – por supuesto mucho más que yo – para ganar aquel pleito  como si se tratase del sumario de la colza. Lo ganó y con la indemnización obtenida se fueron de pitanza él, Juanín El Ferretero y otros comensales - ¿nunca me explicaré porque no me invitaron? - Estos recuerdos simpáticos ayudan a que la pena tras la pérdida de amigos y gente cercana sea más llevadera. Pero, de Javier destacaría algo que a muchos les ha pasado desapercibido, era un gran lector, cinéfilo y amigo, en general, del espectáculo teatral. Seguía con entusiasmo las novelas de Paul Auster mucho antes de que en España fuera lo conocido que ahora es y, precisamente, porque sus novelas destacan por lo cinematográfico de sus argumentos, a Javier le han servido como inspiración para producir, dirigir y realizar películas amateur con base en alguna de sus novelas. Precisamente, por su afición al cine y la mía a la interpretación teatral, nos ha quedado pendiente algo que habíamos comentado en varias ocasiones: la producción de una película que hubiera querido que me dirigiera. En esto, como en todo lo que se empañaba, Javier era amigo de la excelencia.

Hoy me uno en fuerte abrazo a toda su familia; a  Ana, su mujer; Rita, su hija, de quien he tenido la inmensa suerte de compartir escena en obras de teatro; sus hermanas, María Eugenia y Laura; sus hermanos Ignacio, Santiago y Rafa; su madre, aún sin reponer del desgarro anterior; sus suegros; Juanín, Tonino y a todos los demás.

 
 
   
   
   

 

 

 

 

ecoestadistica.com